Teniendo los días contados
- Por cuánto sea ya suficientemente conocido, dar una vuelta sobre el eléctrico tranvía n. 28 (pero también el 12 está bien): se encariñaran enseguida al rechinar del tranvía sobre las vías y verán los barrios más antiguos y sugestivos de la ciudad al precio de un café.
- Por extensión del punto anterior, aprovechar de toda la gama de medios públicos ofrecida por la ciudad - además de los viejos tranvías, los igualmente históricos ascensores y elévador y el moderno y muy cómodo metro: son cómodos, eficientes y les harán de veras ahorrar tiempo, además comprando a la módica cifra de € 0,50 una de las tarjetas de viaje de Lisboa podrán hacerse el tipo de billete que más hace a su caso y aprovechar al máximo el óptimo servicio de transporte público gastando muy poco.

- Transcurrir alguna hora en el estupendo Castelo de São Jorge: de sus paredes se domina toda la ciudad y el Tejo.
- Caminando por el Bairro, el Chiado y el Alfama (sin mapa: no sirve y les distrae de la atmósfera y de las fachadas cubiertas por azulejos).
- Ir a Belém para ver sus maravillas arquitectónicas, antiguas y modernas.

Si tienen más tiempo:
- Visitar el Oceanário, en el interior del Parque das Naçoes
- En Belém párense a la Antiga Confeitaria de Belém para comer sus pasteis de hojaldre y crema
- Hacer una excursión a Cascais, alquilar gratis una bicicleta del servicio municipal y llegar hasta Cabo da Roca, el punto más a oeste del continente europeo.
- Transcurrir alguna hora en uno de los muchos parques: tendrán mucho por elegir entre el Parque de Monsanto, los numerosos jardines botánicos, los jardines sobre el largo-Tejo de Belém o aquellos del Parque das Naçoes.
- Dedicarse a uno o más museos de Lisboa no incluidos en los puntos anteriores: de veras hay muchos y de todos los géneros.
En ambos casos se sugiere fuertemente un ulterior punto, no menos importante:
- Hacer a menudo una pausa en los toures turístico-fotográfico-culturales en uno de los muchos cafés de la ciudad, de la que son parte histórica y cultural no menos de sus monumentos; además ayuda a reponerse en paz con el tiempo tirano.
